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El aceite de CBD para el dolor, ¿realmente funciona?

El dolor es de los primeros síntomas que vais a sentir ante cualquier enfermedad y lo podéis clasificar en dos tipos: agudo y crónico. El dolor agudo lo podéis tratar fácilmente y sin muchas complicaciones con el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINES) o con el uso de opioides, pero el dolor crónico si es más difícil de tratar y además puede ser incapacitante.

Los cannabinoides pueden actuar como adyuvantes para tratar el dolor, es decir su fin terapéutico principal no es causar analgesia, pero lo podéis emplear para reducir el dolor ya administrándolos solos o en combinación con otros medicamentos para tratar el dolor.

A medida que nuevos estudios para comprender el dolor se han ido realizando y culminando, junto a cada vez más estudios relacionados a los cannabinoides, el rol de estas sustancias entre las que se encuentra el CBD como una de los más estudiadas, precedido por el THC, ha sido un objeto de interés frente a condiciones que involucran dolor crónico.

Los cannabinoides han sido empleados desde la antigüedad con fines recreacionales y médicos, sin embargo, su uso en el último siglo ha sido prohibido y controvertido gracias a los problemas de adicción y de salud pública que pueden causar. Gracias a los numerosos estudios que se han realizado, en la actualidad ya se sabe que el responsable de causar estos efectos no deseados es el THC y que, aunque el CBD no tiene la misma interacción en el cuerpo que el THC, si tiene parte de sus efectos terapéuticos o lo que es mejor, el CBD contrarresta los efectos de “estar colocado” del THC, así que terapias combinadas entre estos dos cannabinoides también podrían ser una opción.

Comprendiendo el dolor y cómo actúa en CBD en vuestro cuerpo.

Los efectos psicotrópicos del cannabis están mediados principalmente por el receptor CB1 el cual se encuentra en vuestro cerebro, principalmente en la corteza frontal, en los ganglios basales y el cerebelo. Pero el CB1 también está presente en muchos otros tejidos y órganos, incluyendo el tejido adiposo, hígado, órganos reproductores, tracto gastrointestinal espina dorsal, glándulas adrenales y tiroideas y células inmunes. La presencia de los receptores CB1 en los condrocitos y osteocitos, hace a este receptor bastante interesante en el estudio de enfermedades como artritis.

El receptor CB2 por su parte se expresa principalmente en células inmunes, pero también está en otros tipos de células como condrocitos, osteocitos y fibroblastos, por lo que muchos investigadores lo consideran como el receptor cannabinoide periférico.

El sistema cannabinoide en general contribuye a la regulación de una gran variedad de procesos en vuestro cuerpo, haciendo que los cannabinoides como el CBD sean una promesa en el campo médico, sobre todo en los estudios de la analgesia y actividad antiinflamatoria.

El CBD tiene la gran ventaja de que no solo interactúa con los receptores CB sino con muchos otros como el TRPV1, 5-TH1A y el A2A. Todos estos nombres os pueden parecer complejos y que no entendéis mucho, pero lo más importante que consideréis es que los receptores son aquellos sitios donde la sustancia se une y se desencadena un efecto. Al CBD unirse a los receptores antes mencionados, se originan los efectos analgésicos, antiinflamatorios, ansiolíticos e incluso antipsicóticos, este último efecto cobra vital importancia si el CBD se consume junto al THC, ya que disminuye los efectos de “estar colocado” que os brinda esta última sustancia, que también forma parte de los cannabinoides y tiene gran potencial médico. De hecho, si buscáis en la literatura médica, encontraréis que las mejores respuestas terapéuticas se han dado al combinar THC con CBD y otros fitocannabinoides incluyendo a los terpenos, ya que todos hacen un efecto sinérgico contra el tratamiento del dolor.

En vuestro cuerpo el dolor y la inflamación son respuestas físicas ante un daño en el tejido, infecciones o cambios genéticos. Estas respuestas las podéis dividir en dos fases: aguda y crónica. La fase aguda es temprana, no específica y se caracteriza por vasodilatación local, incremento en la permeabilidad capilar, la acumulación de fluidos y sangre en el espacio intersticial y la liberación de mediadores inflamatorios, entre los que os podemos mencionar citoquinas e histamina. El dolor es originado por todos estos agentes pro-inflamatorios. Si la condición que causa el daño no se resuelve, la inflamación continúa progresando hasta volverse sub-agua o crónica, en la cual se ven mayores cambios inmunopatológicos, como la infiltración de células inflamatorias y la sobreexpresión de genes proinflamatorios.

Las formas de dosificación actuales para el aceite de CBD

El CBD actualmente es muy frecuente que lo encontréis para inhalar. Gracias a que esta molécula es lipofílica, los aceites de CBD para vapear son ideales.

Aunque también podéis consumir aceite de CBD por vía oral, la concentración de la sustancia que os hará efecto será menor. Se ha encontrado que hay una amplia variedad de factores que hacen que el CBD inhalado sea más provechoso que el consumido oralmente, entre ellos: la profundidad de la inhalación, el tiempo en el cuál es retenida la inhalación y la temperatura a la cual se calienta (en vuestro vaper). De hecho, investigadores afirman que al consumir el aceite de CBD oralmente solo tendréis haciendo efecto entre el 20 y el 30% de la dosis administrada del CBD, mientras que si lo inhaláis el efecto estará entre un 10 y un 60%.

Las anécdotas de los pacientes que han empleado aceite de CBD para tratar el dolor han sido positivas en su mayoría, con muy pocos efectos secundarios y ningunos de ellos de gran relevancia sanitaria. Como os hemos comentado antes, la evidencia científica aún no está bien esclarecida, pero esto no significa que no exista o no se esté investigando este componente como una posible droga para tratar el dolor.

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